La visión humana va mucho más allá de enfocar objetos que tenemos justo delante. Abarca también todo el espacio que nos rodea y que somos capaces de percibir mientras fijamos la mirada en un punto estático.
Cuando los especialistas en salud ocular necesitan evaluar con total precisión si existe alguna alteración o daño en esta área, recurren a una exploración clínica conocida como campimetría. En la Unidad de Oftalmología del Hospital Sanitas CIMA contamos con un equipo médico especializado en esta prueba, capaz de detectar de forma precoz lesiones en los ojos que pueden pasar completamente desapercibidas en el día a día del paciente.
Para entender la campimetría, qué es y qué función cumple, debemos imaginarnos el ojo humano como el centro de una cúpula. Todo aquello que somos capaces de captar hacia arriba, hacia abajo y hacia los lados sin mover los globos oculares conforma nuestro mapa visual periférico.
La campimetría o perimetría es una prueba diagnóstica que mide tanto la sensibilidad retiniana como el estado de las fibras nerviosas que transportan los estímulos eléctricos desde el ojo hasta la corteza cerebral.
Por tanto, a través de este estudio, se evalúa la sensibilidad a estímulos luminosos en diferentes puntos del campo visual, tanto central como periférico (aquella que empleamos para leer un libro o reconocer caras a corta distancia). Sin embargo, su función principal es evaluar la visión periférica, la primera en sufrir deterioros silenciosos ante múltiples patologías oculares y neurológicas graves. De hecho, una campimetría visual bien realizada es capaz de revelar anomalías funcionales mucho antes de que la persona experimente síntomas evidentes en su día a día.
Aunque este examen médico forma parte de algunos protocolos preventivos, se realiza tanto en pacientes con síntomas visuales como en personas sin síntomas que presentan factores de riesgo o enfermedades que requieren seguimiento.
Los casos más habituales son:
El procedimiento se lleva a cabo en un gabinete oftalmológico bajo una iluminación tenue y controlada. El paciente se sienta cómodamente frente a un dispositivo con forma de esfera cóncava, conocido como campímetro, y apoya cuidadosamente la barbilla y la frente sobre unos soportes ergonómicos que limitan el movimiento durante el test.
A lo largo de la prueba, el especialista indica al paciente que mantenga la mirada fija en un punto central de referencia, habitualmente un pequeño haz luminoso situado en el centro de la esfera. De forma automática, el aparato proyecta diminutos estímulos de luz de diferente intensidad, tamaño y duración en distintas zonas de la cúpula. Cuando el paciente detecta la presencia de uno de estos destellos, debe pulsar un pequeño mando. Analizar cada ojo suele requerir entre cinco y diez minutos.
La campimetría procesa las respuestas al instante, generando un informe gráfico detallado que señala con precisión las zonas de visión conservada frente a aquellas áreas donde la sensibilidad está afectada, denominadas clínicamente como escotomas.
El abanico de patologías que pueden diagnosticarse o monitorearse mediante esta exploración es sumamente amplio, y abarca tanto problemas oculares locales como alteraciones del sistema nervioso central.
En conjunto, la campimetría es una prueba especialmente útil para estudiar alteraciones del campo visual y hacer seguimiento de distintas patologías oftalmológicas o neurológicas. Sus resultados deben interpretarse siempre junto con el resto de la exploración clínica, ya que permiten al especialista valorar con mayor precisión si existe alguna zona de visión afectada y cómo evoluciona con el tiempo.
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