El ojo lloroso es una de las afecciones oftalmológicas más comunes. Aunque en la mayoría de los casos se trata de un episodio pasajero que no requiere de atención, hay supuestos en los que es necesario un tratamiento para paliar las molestias y acabar con la causa que está generando este problema.
En la Unidad de Oftalmología del Hospital CIMA, contamos con un equipo médico especializado en el tratamiento del ojo lloroso.
Irritación de la superficie ocular
La lágrima es una secreción natural que se encarga de lubricar la superficie ocular, protegiéndola frente a la acción de agentes externos como el polvo.
En los casos de ojos llorosos o epífora, lo que sucede es que la glándula lagrimal produce un exceso de lágrima. Una de las causas que llevan a este fenómeno es la irritación de la superficie ocular, que se produce cuando un agente irritante entra en contacto directo con el ojo, provocando un enrojecimiento de la zona y un lagrimeo constante.
Esto puede suceder como resultado de una alergia, pero también por existir una infección bacteriana o viral, por sequedad ocular o por agentes irritantes como los químicos presentes en determinados productos como las cremas.
En la mayoría de los casos, la irritación ocular es causada por la exposición a agentes externos como el humo, el salitre del mar, el viento, por mirar pantallas durante mucho tiempo, etc.
Conjuntivitis y otras patologías oculares
El ojo irritado y lloroso también puede ser producido por patologías propias de los ojos como las siguientes.
Conjuntivitis
Es una inflamación de la conjuntiva ocular, que es la capa más externa del ojo. Entre sus síntomas están:
Si es una conjuntivitis infecciosa, está producida por virus o bacterias, aunque también la pueden causar agentes irritantes y cuerpos extraños o ser consecuencia de una alergia.
Fatiga visual
Es habitual en personas que pasan mucho tiempo con la vista centrada en un mismo punto. Por ejemplo, estudiantes o trabajadores cuya jornada implica mirar una pantalla de ordenador durante horas.
La fatiga visual reduce el parpadeo del ojo, lo que afecta a la hidratación del ojo y desencadena síntomas como:
Epífora real
En el ojo lloroso una de las causas puede ser la obstrucción del conducto lagrimal, lo que se conoce como epífora real.
Si el conducto lagrimal está obstruido total o parcialmente, las lágrimas no drenan correctamente y esto puede provocar su acumulación y posterior desbordamiento. Esta obstrucción puede desarrollarse con el tiempo por malposiciones del párpado o laxitud palpebral, pero también puede ser congénita y tenerse desde el nacimiento.
Tratamiento recomendado en adultos
Cuando un paciente con ojo lloroso acude al oftalmólogo, lo primero que hace el especialista es una exploración física para determinar cuál es la causa de este problema.
Se revisan los párpados, los puntos lagrimales, la superficie del ojo y los cantos internos del ojo. Una vez que hay un diagnóstico, se aplica el tratamiento más efectivo.
En la mayoría de los casos las gotas para ojos llorosos son la solución, pero no todas son iguales. En función de cuál sea la causa que está provocando el lagrimeo, se recomiendan unas u otras.
Cuando la epífora la causa una obstrucción de las vías lagrimales, el tratamiento puede ser o no quirúrgico, dependiendo del caso. Si es necesario pasar por quirófano, la cirugía más común es la dacriocistorrinostomía, que consiste en crear un nuevo conducto de drenaje entre el saco lagrimal y la fosa nasal.
Prevención del ojo lloroso
En personas que suelen sufrir episodios de lagrimeo, la prevención es una de las mejores formas de evitarlos. Lo que se puede hacer es:
Ojos llorosos en bebés y personas mayores
Aunque cualquier persona puede padecer epífora, el ojo lloroso en bebé y en personas de edad avanzada es bastante común.
En bebés, la razón más habitual del lagrimeo es un bloqueo de los conductos lagrimales. El conducto nasolagrimal puede no estar totalmente abierto en el momento del nacimiento, por lo que no es funcional al 100 % durante los primeros meses de vida.
En las personas mayores, el lagrimeo es consecuencia del propio proceso de envejecimiento. La piel envejecida del párpado se separa del globo ocular y esto facilita la acumulación de lágrimas y reduce la capacidad de estas para fluir hacia fuera del ojo. No obstante, este problema también puede darse como consecuencia de un bloqueo del conducto lagrimal por un traumatismo, una inflamación o una infección.
Si el ojo lloroso es una afección constante en bebés, niños o adultos, lo mejor es ponerse en manos de un especialista para poder tratar la causa subyacente.
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